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A las 6 y pico

Mi primer texto: El lago

Mi primer texto: El lago

El lago fue el primer texto que escribí, (hace unos 4000 años :P) con él debuté en atra, y con él debuto aquí. (a ver cómo me sale!)


EL LAGO

Atardecía. Recostada sobre un sillón, observaba el cielo, de un celeste intenso y sin nubes; no había viento, no hacía frío ni calor, y el zumbido de las chicharras resonaba a lo lejos, dando una sensación de serenidad y quietud estival. Una tarde perfecta, bellísima, intensa, demasiado bella para estar viéndola por una ventana, demasiado ideal para ser ignorada.
De pronto, notó que la perfección era arruinada insensiblemente por una moto que pasaba a toda velocidad, y enseguida pudo oír también el televisor del vecino, que no parecía contentarse con oírlo él solo, y después un auto, y alguien martillando, histerizando. Las chicharras se alejaron y sólo se escuchó el ruido mecánico de una ciudad apurada y artificial.
Entonces se le ocurrió. ¿qué hacía allí, en ese estúpido sillón, sin nada que hacer, desperdiciando una tarde como ésa?. Pensó en un parque soleado, tranquilo, con el pasto verde brillante, con un lago, con árboles y pájaros llenando el aire con sus trinos.
Pero algo le impedía moverse, como poderosos brazos que, saliendo del sillón, no le permitían levantarse. Conocía esos brazos, esa fuerza ; sabía lo que era y decidió, una vez más, quitarle el disfraz.
Entrecerrando los ojos, pudo verse revolviendo en el ropero, vistiéndose y saliendo de la casa; una vez afuera, caminaría dos cuadras hasta la cochera y sacaría el auto.
Ya en medio de la calle, la asaltaría la primera pregunta: ¿a dónde voy?. Se decidiría por un parque de las afueras, el menos concurrido que conocía, y buscaría las calles para llegar.
A mitad de camino, la segunda pregunta, esa maldita pregunta que siempre arruinaba cualquier cosa espontánea que intentaba hacer, haría irrupción en su cerebro sin piedad: ¿pero qué carajo estoy haciendo?. La respuesta era simple: voy a un parque a despejarme. Sí, la respuesta era muy simple....demasiado simple, casi estúpida, decididamente ridícula.
Su cerebro práctico y programado ya no aceptaba esa clase de respuestas; pero se había vestido, había sacado el auto y ya estaba más cerca del parque que de su casa, de modo que, dando la vuelta y regresando, sólo conseguiría sentirse más tonta de lo que ya se estaba empezando a sentir; así que pisaría el acelerador e, intentando quitarse la molesta pregunta de la mente, seguiría adelante.
Finalmente encontraría el parque: pasto amarillento, árboles y un lago. Bajaría del auto y se dirigiría hacia el agua, (porque a eso se suponía que había ido) e intentaría concentrarse en la belleza del paisaje.
Parada en la orilla, pudo ver pequeños círculos concéntricos en la serena superficie del lago, señal de que estaba habitado por mojarritas y otros pequeños peces (panzudos , palometas , viejitas...los nombres aún sonaban en su memoria).
Entonces su mente se alejó velozmente en el tiempo, hasta diez, quince años atrás. Un simple trozo de sedal y un anzuelo hubieran sido suficientes para pasar la mejor tarde del mundo. Pudo sentir la gratificante sensación de arrojar el anzuelo al agua, la mirada expectante y, por fin, la bolla que se hundía, un rápido tirón, y, milagrosamente, un pequeño pez plateado saltando sobre la tierra seca.
De pronto, una estridente voz infantil pareció dirigirse a ella:
-Señora, ¿no quiere unos pescaditos? es que en mi casa no me dejan tenerlos....
¿Señora?. Miró fugazmente a su alrededor: a unos pocos pasos, una niña de diez u once años jugaba con un perro; unos metros más allá, dos niños corrían tras una pelota. Nadie más. Sí, ella era la señora, parada en el borde del lago, con la mirada fija en ninguna parte, fingiendo distraerse, fingiendo disfrutar viendo a otros divertirse.
¿Y qué importaba que esos otros fueran niños? ¿acaso no fue hace tan poco tiempo que ella misma, con el cabello largo y desordenado, correteaba por ese mismo lugar, compadeciendo a los mayores que, estáticos en algún asiento limpio, conversaban distraídamente sobre temas tan aburridos que ni siquiera merecían recordarse?.
-No, querido, no puedo.
Sabía que no habría titubeado en aceptarlos y llevárselos, exultante de entusiasmo, hacía tan poco tiempo...
Hacía poco tiempo también, de repente, un día descubrió que pescar en el lago ya no sólo no la divertía, sino que hasta le causaba repulsión ver el anzuelo clavado en la boca del pobre animalillo. Sus muñecas dejaron de tener vida y se convirtieron en pedazos de plástico inerte, y empezó a sentirse tonta persiguiendo a los gatos o buscando sapos entre los yuyos.
Durante algún tiempo, se había ocultado para jugar, temiendo ser descubierta y tomada por una niña pequeña. Hasta que, finalmente, notó que simplemente ya no le causaba el menor placer.
Todavía recordaba cómo había reemplazado sus juegos por púberes fantasías, durante tres o cuatro años de inocente adolescencia. Después, la nada. Vacío absoluto.
Su alma se había alejado de cualquier forma de auto gratificación, para caer en la áspera aridez de la obligación, del deber, del hacer todo con algún fin práctico y trascendente. Todo acto debía tener una plena justificación racional.
Algún tiempo después, había intentado volver a sentir, pero su mente se había atrofiado, había olvidado completamente cómo hacerlo.
Su pierna derecha le avisó de pronto a su cerebro, con un suave calambre, que ya había sido suficiente. Mecánicamente, ella le echó una preocupada ojeada a su reloj, (aunque no tenía que llegar temprano a ninguna parte) y, levantando la vista, observó el lago: el agua se veía serena y brillante con la luz del crepúsculo, y el sol reflejaba sus últimos rayos dorados sobre las pequeñas olitas que, suavemente, se desplazaban hacia la orilla. Ella quiso embargarse con la sensación del paisaje, pero sólo lo logró a medias, y, como ya no podía seguir parada allí, volvió sobre sus pasos, subió al auto y se alejó.

Lentamente se incorporó de su sillón. El cielo empezaba a tornarse grisáceo y la habitación había quedado en penumbras; todo empezaba a rodearse de esa calma mágica y onírica del crepúsculo, con esa vaga sensación de paz y plenitud que llega naturalmente con el fin del día.
Automáticamente, se acercó a la pared, presionó un interruptor, y la amarillenta luz artificial llenó la habitación de un solo golpe. La magia huyó despavorida, pero, de todos modos, ella ni siquiera la había notado. Se dirigió a la cocina y, mientras ponía la pava en el fuego, miró su reloj: las siete y diez de la tarde.
-Después de todo, menos mal que no se me dio por salir- pensó aliviada- y encendió el televisor.

EL CUESCO DE D. JUAN

EL CUESCO DE D. JUAN

No era don Juan dado a oratorias ni amigo de palabras en demasía, mas siendo hidalgo de no mucho entendimiento, sentose donde mandáronle, sin entrar en dialécticas ni reparar que en ésas, sus entrañas pudieran talvez dar cuenta del copioso condumio con que por almuerzo húbose regalado antes de asistir al mortuorio.

Acomodose pues en lugar poco acertado dada su situación: no era su gracia la picardía, siendo así que el pánfilo fue a parar a la vera de una vieja alcahueta de afiladas napias que velaba al cadáver.

Caliente debía de estar aún el difunto cuando las tripas del mancebo recordáronle la digestión, mas parco en el habla cual monje en cuaresma, no atreviose a confesar el mal que le aquejaba mientras se dolía en retortijones provocados por su reciente agasajo, siendo así que por no perturbar, quedose en su asiento junto al muerto y la alcahueta. Entre llanto de plañideras, pensó se camuflaría el cuesco y el efluvio: bien podría atribuirse al muerto. Aliviose pues un poco, mas las afiladas napias de la vieja, más agudas que las entendederas de don Juan, pronto supieron de la procedencia de tal miasma y hete aquí que el mancebo, por la obra y milagro de Dios, viose de repente provisto de osada desfachatez, culpando al finado y la calor reinante.

Corriose la voz en la villa y fue desde aquel funesto velorio que hubo fama de que don Juan había trocado su apocamiento por descaro, tornándose falaz, cuesquero y calumniador de difuntos.

Bailarina II

Bailarina II

Elena 96.
30 x 100 cm.
Lápices de colores sobre papel.

Esperar

Esperar

Esperar ...

Sin nada esperar.

Abrigar el corazón,

Morir acariciando

Olas de paz,

Ráfagas de felicidad.

Locuras fugaces
Ocupan ausencias

Quemar imposibles ...

Unir deseos,

Estudiar su piel

Sentir la vida,

Inspirar y oler

Escalar pasiones,

Nadar su mar,

Tocar su alma ...

Olvidar ser

Metro

Metro

Elena 98.
(Boceto)
Grafito sobre papel.

Todos los días la misma rutina. Las mismas caras que se miran sin dignarse a pronunciar palabra.
Personas de distintos gustos y colores, cada una de las cuales constituye el espejo de su propia historia.
Stu.

EL VALOR DE LA TERTULIA

EL VALOR DE LA TERTULIA

Hoy menaza tormenta. ¡Qué digo! Está tronando. Y las tormentas en Valencia, como sus tracas, son una prolongación de rugidos y luces como un volcán en erupción. Es uno de esos días lúgubres y tristes que anuncian tragedia, cuando el día se torna en noche y un nudo en la garganta te pone en estado de alerta esperando un trágico final; cuando la naturaleza, en fin, impone su voluntad y hace recordar al hombre que sus truculentas maniobras y guerras no la coartan para demostrar su fuerza.

Esta tarde no hay paseo ni tertulia con los amigos, me quedo en casa disfrutando, en este caso, de una soledad deseada. No siento deseos de escribir ni tampoco leer: quiero ver la tele. Los programas de sobremesa de TV ya se ponen en marcha y me acomodo saboreando una taza de café, con la esperanza de pasar una tarde agradable. Conecto el canal X, y a los pocos minutos un avance informativo da cuenta de la tragedia producida por un atentado, en el que muestran unas imágenes estremecedoras que mueven el ánimo a salir a la calle gritando. Entre los muertos y heridos se encuentran varios niños desfigurados por efecto de la explosión, y los cuerpos sin vida yacen en el suelo en un charco de sangre como perros que caen fulminados por la metralla. Mi proyecto de felicidad se ve truncado y siento que las nauseas me revuelven el estómago, mientras resuenan en mi cabeza los lamentos de los infelices. Sin pensarlo dos veces me paso al canal B. Aquí me espera un reportaje de la Guerra Civil, en el que se puede ver la gente correr con su hatillo al hombro por las calles de Madrid ahuyentados por los aviones buscando un refugio donde poder esconderse. No tengo buenos recuerdos de estos acontecimientos y siento como una bofetada en pleno rostro que me obliga a cambiar nuevamente de canal. Hago zappin y me paso al C. Una pléyade de sátrapas o personajillos que circulan por las tertulias del mal llamado mundo rosa, sin peso y sin arraigo, y no pocas veces sus respectivos y ociosos retoños, se enzarzan en un debate de insultos y acusaciones tratando de hacerse ver, aunque su honor y su privacidad, la cual intentan proteger, se vea por los suelos. Me siento incómodo y me veo observado por los que están enfrente que me señalan como cómplice de ellos. No obstante, por unos momentos desciendo a esa zona oscura de nuestro cerebro que se llama subconsciente y que nos suele traicionar tan pronto le das la espalda. Pero no, hay una fuerza interior que se resiste y me aconseja desconectar si no quiero enfermar. Enseguida cambio y paso al siguiente, donde todo es un calco del canal anterior, con la diferencia que aquí hay otros figurantes que trapichean igualmente con su dignidad, como en un mercadillo, o la venden al mejor postor. A partir de ahí, tampoco habrá reparos morales para airear trapos sucios y secretos de alcoba, y donde algunos jumentos de la palabra hacen alarde de sus miserias verbales al estilo de “Gran Hermano”. Pero tenaz en la idea de consumar mi deseo, sigo cambiando de canal, y mi asombro no es menor cuando veo en número de cuatro espacios televisivos destinados al engaño y la picaresca más refinada, dirigidos por falsos redentores que se valen de la ignorancia para hacer prevalecer sus criterios, o se atreven a dar consejos que llevan muchas veces a la confusión y la ruina moral a todo el que busca desesperadamente solución a su desgracia. Me detengo en uno de ellos y observo las reacciones de la falsa pitonisa a la hora de contestar una llamada de teléfono, en la que una señora, que parece ser joven, le pide su favor y su vaticinio respecto de su relación amorosa y también de su situación económica.
-¿Tú estás casada, verdad? –pregunta la adivinadora.
-No, no estoy casada –contesta la señora.
-Te veo trabajando y bien remunerada. ¿Es así?
-No, yo no trabajo, estudio.
-En tu vida veo un tal Ramón, que puede ser cuñado tuyo,“como si tratara de conquistarte”.
-¿Ramón? ¡No conozco ningún Ramón! Además, soy soltera e hija única.
-Sí que lo hay, y verás muy pronto que formará parte de tu vida.
¡No lo puedo creer!
¡Bah, qué asco! Sí, eso es justamente lo que digo cada vez que me pongo frente a la pantalla del televisor.
Cojo el paraguas y me dispongo a buscar a los amigos.
¡Hola chicos! Aquí estoy dispuesto a pasar una tarde feliz. Y como me siento generoso, os invito a una cerveza.
¡Vicent, por favor, trae unas cañas!
¡Esto es vida!
Cayetano Bretones

Entréeeeeeeeeeeee!!!!!!

Entréeeeeeeeeeeee!!!!!!

Bravo!!! Bravo!!! entré!!! entré!!!....uy! ¿¿¿y ahora qué hago????
A ver si puedo mandar una foto...

Solo por hoy

- Hasta el viernes – dije, antes de encender otro cigarrillo, uno más de los tantos que llevaba fumados buscando algo que hacer con las manos, mientras mis ojos recorrían la habitación, queriendo descubrir señales ocultas en los posters colgados caóticamente, o en la pila de ropa que – sobre la cama – daba inequívocos indicios de haber sido trasladada recién de la silla en la que en ese momento estaba sentado. Sobre la cocina la pava silbaba y exhalaba un vapor blanquecino.- ¿Mate o café? – preguntó Rosa, levantándose de la reposera de mimbre, y tranquilizándome un poco: me sentía observado. Más aún, sus ojos pardos que siempre tuvieron el poder de atravesarme parecían escarbar en cada signo que el paso del tiempo había dejado sobre mi cara, mis manos, mi pelo o mi figura.- ¿Conseguís yerba? – dije por decir, y mientras lo decía tuve conciencia de lo estúpido de mi pregunta.Lo dejó pasar, dándose cuenta de mi incomodidad.- Vení, ayudame con el mate.Me acerqué a la cocina jugueteando con un llavero que tomé de la mesa. - Dame eso – me dijo, con una mirada casi maternal – Si no, lo vas a terminar perdiendo, como perdés siempre todo, hasta las cartas sin mandar.No supe que hacer con mis manos, y mientras apagaba el cigarrillo en un plato sucio esbocé una caricia en su pelo, mucho más corto que entonces.En silencio giró hacia mí y nos abrazamos y comencé a llorar en el cálido hueco de su hombro, quedamente, sabiendo – como se sabe a los cuarenta y pico – que uno no llora por los demás, siempre se llora por uno mismo, por lo que somos, lo que pudimos ser, las ilusiones perdidas – o, peor – abandonadas.- Te quiero – dije, sabiendo lo patético que resultaba expresarlo después de mas de veinte años – Siempre te quise, y aunque esto ahora te importe muy poco me alivia muchísimo haberte encontrado para ser sincero conmigo mismo.- Seguís siendo un chico. ¿Cuándo vas a crecer?Había caminado bajo la llovizna insidiosa de esa ciudad desconocida y esquiva durante casi una hora. El llamado telefónico, en vez de tranquilizarme o darme ánimo avivó mi natural indecisión:- ¿Rosa?- Sí, ¿Quién habla? – dijo en castellano, reconociendo, sólo por la forma de pronunciar un nombre, el idioma en que fue expresado.- Gabriel...- ¿Gabriel? ¿Gabriel...de...?- Soy yo, Rosa, Gabriel.- ¿Dónde estás? ¿ No me digas que...?- Estoy en Praga. Vine al congreso de Lingüística. ¿Podemos vernos un rato. Digo, tengo la tarde libre. ¿Vos podés?- Vení ahora. ¿Sabés llegar? Yo voy a trabajar en casa toda la tarde. Venite ya.- Bueno, en un rato llego. Chau- Chau, chau, un beso.Salí caminando del hotel, sin saber hacia dónde. Mas de veinte años después iba a decir lo que siempre supe que debí haber dicho, y – a pesar de tantos golpes recibidos – aún sentía miedo. ¿Me animaría a enfrentar a los fantasmas de mi pasado? No terminaba de pensar en la frase que ya me avergoncé de lo cursi y demodé del estilo introspectivo: ¿Fantasmas de mi pasado? Si hasta parecía sacado de un culebrón venezolano. “Los ricos también lloran”; “Yo, amor mío, no puedo amarte, por que yo: soy tu padre.”. Impostaba mentalmente la voz mientras en una segunda pista musicalizaba la escena y mi costado profesional imaginaba el título de mi próximo ensayo: “Una Gramática de la telenovela. Aproximaciones al lenguaje televisivo finisecular” por el profesor tal y tal, licenciado en tal cual, etcétera.Pronto comprendí que en realidad lo que estaba haciendo era evadirme de la decisión que debía tomar: Sin lugar a escapatorias, Rosa estaba allí, a pocos minutos de distancia, después de muchos, demasiados, años y miles de kilómetros. Recordé con dolor esa oportunidad, hacía quince años, cuando en ocasión de cursar un posgrado en Florencia supe que Rosa estaría allí por unos días, en casa de alguien vagamente conocido. Recordé, regodeándome en humillarme por mi cobardía, cómo caminé una noche entera por esas callejuelas entonces desconocidas sin animarme a tocar el timbre en ese apartamento cuyas señas quemaban el arrugado papel en el fondo de mi bolsillo; y cómo, ya entrada la mañana, volví a la pensión estudiantil dónde paraba para armar un bolso apresurado y salir a recorrer Italia por los quince días que Rosa iba a estar en Florencia. - Pura cobardía – alegué, sin esperar ser creído. – Nunca me animé a enfrentar que mi vida fluía tan plácidamente sólo por seguir la línea de menor esfuerzo; transitar los caminos que otros – familia, relaciones sociales, académicas, políticas – diseñaban para mí.- Cada tanto me llegaban noticias tuyas, alguien te había visto, o me mandaban por correo algún artículo tuyo en los diarios, antes de internet, por supuesto. Aunque te parezca extraño ahora tengo casi todos los textos tuyos que circulan por la red. Algunos son demasiado técnicos para mí, pero los leo igual. Es una forma de estar cerca, de tenerte un poco.Rosa me miraba mientras hablaba, cebando un mate de vez en cuando, con un vago acento que me costaba reconocer, y apelando a expresiones idiomáticas lejanas, ancladas en un país que existió hace veinte años. Dicen que el exilio es morir un poco; en realidad mueren los otros, los que se quedan y – como todos los muertos – no envejecen, permanecen eternamente iguales en nuestros recuerdos, igual que el lenguaje, que existe, vive y crece cuando circula entre muchos, pero muchos, un país entero, por ejemplo. En boca del exiliado el idioma va muriendo, y secando la lengua que lo pronuncia, hasta que huye incluso de nuestros sueños, para reaparecer un instante antes de la muerte, cuando todos los hombres claman por su madre.- Una vez – dijo de pronto – me fui a Italia por que me dijeron que estabas allá, pero cuando fui a buscarte a un hotel de Florencia, dónde había no sé qué congreso, ya te habías ido. Te juro que si te encontraba estaba dispuesta a matarte, sí, no te rías, soy capaz, o lo era, por lo menos.El encuentro, la primera mirada, fueron casi torpes. ¿Cómo saludarnos? ¿Con un beso apasionado, como la tarde de 1978 cuando en la escalerilla del tren juramos encontrarnos en un mes, máximo dos, en un territorio mas propicio para el amor que ese país traspasado por la muerte cotidiana que nos tocó vivir? ¿Cómo podría tocar su mano sin atraerla hacia mi cuerpo, y fundirnos en un abrazo interminable? Me di cuenta que ella también lo había pensado, y lo resolvió dejando la puerta abierta.- Pasá – dijo – mientras se acercaba con las manos ocupadas con un bol y una espátula. – Estoy haciendo una torta – y me ofreció una mejilla, mientras besaba el aire a mi lado.- No sabía que horneabas – dije estúpidamente, dado que: ¿Qué sabía yo de Rosa? ¿Quién era, en realidad, esa mujer de unos cuarenta años, aún atractiva desde un punto de vista objetivo?A fuer de sinceros debí presentarme, puesto que ¿Por qué debería saber Rosa quién era ese barbado profesor de Lingüística de una Universidad de segundo orden de un país de cuarta? ¿Por qué debía ella reconocer, tras el barniz de los años, la serena apariencia burguesa y la ropa de buen corte al joven que rezumaba rebeldía? ¿Por qué ese maduro caballero utilizaba el nombre de quién la enamoró recitando a Neruda después de una asamblea en la que su palabra fue la mas aplaudida?- Vení, sentate – me ofreció, mientras me señalaba una silla bastante descuadernada.- ¿Hasta cuándo te quedás?- ¿Cuándo vas a crecer – repitió, suspirando. – Claro que me importa, idiota. ¿Cómo puede a alguien no importarle que lo quieran? Yo también te quiero, nunca dejé de pensar en vos, y también te odio – por supuesto – por tu indecisión, por no haber sido el padre de los hijos que nunca tuve. Te odio por que por las noches, y en los brazos de cualquiera siempre imaginé que eran los tuyos. Te odio por tu amor módico, homeopático. Te odio por no jugarte, por ir por el camino más fácil. Y ahora, después de tanto tiempo pasado, venís a decirme que me querés. ¿Qué es el amor para vos? Te quiero, decís. ¿Y eso qué significa? “No puedo vivir sin vos” o acaso”Vivamos juntos el resto de nuestras insignificantes vidas”, o solamente “Echémonos un polvo”, cortito, como tu módico amor, por que te quedás hasta el vienes y querés volver con la conciencia tranquila a tu vida de siempre.¿Querés redimir en un segundo de honestidad años de silencio y de traición? Te voy a decir algo mas – finalizó Rosa, sin dejar de cebarme un mate – te veo y aun me caliento; me gustaría que me abraces, que me beses, que me desvistas y me pases despacio la mano entre las piernas. Pero si lo hiciera – dejar que me toques, digo – me sentiría sucia, contaminada por tu pusilanimidad, y ya que estamos en tren de llamar a las cosas por su nombre te diría que aunque tengas la pija dura tu alma es blandengue, como diría mi sobrino: “No tenés aguante”. O, si preferís, no hay en vos temple suficiente para merecerme, salvo que sufras lo que yo he sufrido. Y ahora andate – dijo – sin rencor en su voz.Recorrí a pie los pocos kilómetros hasta el hotel sin dejar de canturrear “Óleo de mujer con sombrero” de Silvio Rodríguez, deteniéndome siempre en la misma estrofa.Ya van dos años que vivo en Praga, sobreviviendo con lecciones de español para el cuerpo diplomático checo. No me quejo, la paga no es mucha, pero mis necesidades son pocas. Por las tardes, mientras Rosa trabaja en la agencia de turismo, limpio su departamento o lavo su ropa. Algunas veces me he masturbado con su ropa interior, creo que ella lo sospecha, pero no me dice nada. Por la noche cuando vuelve – casi siempre sola – me saluda desde la puerta y me habla en checo, que ya domino bastante bien. Yo espero hasta medianoche en la vereda de enfrente, hasta que apaga la luz. Los fines de semana de sol la sigo hasta algún parque y la miro desde lejos mientras lee recostada en el césped, como siempre le gustó.La semana pasada me invitó a pasar. Nevaba mucho. Me convidó con vodka, y escuchamos música hasta que me dijo que me fuera.- No te confundas – dijo – fue sólo por hoy.

Anatomía

Anatomía

Elena 95.
100 x 70 cm.
Carboncillo sobre papel.

"Ocho módulos tiene el cuerpo humano,
siendo en altura y en proporción bien hecho:
Cuatro desde la olluela hasta la mano,
y otros tantos cabeza, vientre y pecho;
El muslo dos, estando bien derecho:
y de éstos cada uno, con certeza,
el tamaño es total de la cabeza."

Palomino en El musero pictórico, libro IV.

ILUSIONES

ILUSIONES

ILUSIONES

La música suave de Caetano Veloso irrumpía en el ambiente semioscuro, algunas voces llegaban lejanas, a pesar de estar muy cerca, pues lo único que podía escuchar era su respiración y sus manos acariciándole la nunca, simulando un masaje.
Ella se dejaba llevar por esa sensación agradable que invadía su cuerpo, la música, las manos, la respiración conformaban una atmósfera utópica, que la trasladaba a otra lugar donde solo él y ella tenían cabida.
De pronto, sus miradas se encontraron, ella acerca su boca a la mejilla de él. Lo besa suavemente y le susurra al oído, me gustas. A penas sus labios se rozaron, pero ese instante, fue suficiente como para darse cuenta que ese momento mágico era el comienzo de una relación que, hasta este instante, jamás se lo había imaginado.
En la habitación había más personas, pero ellos estaban inmersos en su propio mundo, un mundo de miradas, de manos que se encuentran a escondidas, de sonrisas cómplices.
Un nuevo amanecer puso punto final a esta noche singular, con la promesa de que un nuevo día los reencontraría.
No fue el día que volvió a reunirlos, pero si una nueva noche, otra noche de compartir amigos, tragos, risas y en esa mezcla de vivencias, ellos hallaron la manera de encontrarse nuevamente, de entrecruzar miradas cómplices, deseando que las horas transcurrieran deprisa para poder reunirse en un abrazo. Sin testigos de ese amor que tímidamente se atrevía a asomarse de vez en cuando, casi imperceptible.
Al fin sus bocas se fusionaron en un beso, sus lenguas se buscaron, el deseo urgía abriéndose camino en esos cuerpos nuevos, que invitaban a descubrirse y a gozarse.
Un aúllo ahogado junto a un placer infinito los dejo tumbados sobre la cama revuelta, con los cuerpos sudados, los humores intercambiados y un estallido de risa y felicidad se coló en esa comunión de afectos.
Este fue el principio de un vínculo inesperado, de un peregrinar por sensaciones nuevas, frescas, el despertar de afectos sosegados, el andar por caminos vírgenes, un poco a tientas, pero con la seguridad insondable de un amor profundo.
Amor, compromiso, son dos palabras que no pueden viajar separadas, pero que muchas veces el solo hecho de pensarlas juntas nos paralizan, al punto de no permitirnos emprender una historia por miedo a quedarnos atrapados en ese "amor" y en ese "compromiso" y perder lo más preciado, la libertad.

EL REENCUENTRO

EL REENCUENTRO

EL REENCUENTRO

Durante tres años los sentimientos estuvieron dormidos, no sé muy bien aún qué los despertó, pero un día sin proponérmelo se fueron desperezando lentamente hasta quedarse despiertos.
Necesité un tiempo, para rescatar solo los buenos recuerdos y olvidar el sabor amargo de los malos.
Poco a poco el deseo se fue colando y ganando terreno, hasta que llego un día que la necesidad de gozarlo nuevamente apremiaba.
Aquel que había sido una vez nuestro lugar de reunión me reprimía, no quería que las reminiscencias invadieran nuestro reencuentro, por tanto, le propuse un espacio neutral.
Sé que los hoteles no son sus lugares predilectos, pero el motivo que lo convocaba era distinto, una invitación al placer.
Nuestros cuerpos eran viejos y nuevos conocidos, una vez más se enfrentaban a librar otra batalla.
Una vez más a redescubrir sabores, texturas, sensaciones.
Todo era nuevo y a la vez conocido, parecía como si el tiempo se hubiese detenido durante tres años y ahora volvían a removerse los viejos polvos para darle lugar a los nuevos.
Las manos reanudaron las caricias por un tiempo aletargadas, despabilando sentimientos, excitaciones, recuerdos anestesiados.
A medida que el placer iba invadiéndonos, tenía la sensación que estábamos inaugurando deseos, placeres, amores.
Nuestros cuerpos se reconocieron al primer contacto, al primer beso, en la primer caricia y lentamente se fueron acomodando uno al otro, acoplándose, sincronizando movimientos, goces.
Todo fue nuevo y viejo a la vez, con ese gusto a poco de cuando se disfruta y se invita a seguir gozando...

bailarina

bailarina

Elena 97
Lápices de colores sobre papel.
25 x 70 cm.

Respiro como viento helado
al compás de los volcanes
Arriesgada conclusión,
El impacto se vuelve lava.

multiculturalidad

multiculturalidad

De pronto nacemos y vamos creciendo, y un día cuando nos damos cuenta que tenemos uso de razón nos identificamos, nos sabemos un yo, y miramos a nuestro alrededor, miramos y vemos como nos acogen 4 paredes como nos rodea un padre y una madre, sin todavía saber que son blancos, asta que vas por la calle y te sorprende alguien que piensas que a tomado el sol más que tu, lo miras curiosa sabiéndote ya blanca y por fin sabes que no todos tenemos la misma piel, y que algún gilipollas inventó el racismo. Te paras piensas y dices ¿de donde viene el?

Y llegas al colegio al que tu no eliges ir, donde creen enseñarte el mundo a través de la escritura, a través de su escritura, porque es probable que ese negro con esas letras no te entienda ni comparta tu Dios, pero te enseñan la que ya suponen TU cultura, y te avasallan intentando mostrarte un modelo de realidad a través del cual podemos dar sentido a nuestros comportamientos, es decir, nos van construyendo a su manera a su imagen y semejanza, intentando trasmitirnos una cultura de élite, hoy moldeable no a tu manera ni a la mía sino a la de ellos, porque continuamos creciendo y nos vemos semejantes para despistar a la diferencia y nos vemos diferentes para no sabernos iguales y por ello debemos compartir un contexto común para según dicen, no caer en el conflicto.

Y al principio se nos muestran cerrados con tanto yo yo yo, y el otro, pero no los queda más remedio que ir abriendo los ojos y observar al nuevo y sin querer te relacionas o queriéndolo y llega un listo y lo llama multicultural, ¿ahora surge la multiculturalidad? Acaso no era ya el ser humano es nómada por naturaleza y desde luego sexual,
¿no vino ya el mestizaje vino ya con Adán y Eva?.

Notición en A LAS 6 Y PICO

Notición en A LAS 6 Y PICO

Encontrado el hermano chino de Pokito. Se dice que pudiera llamarse TAN DAO VIEN

Teléfono de aludidos : 062 Preguntar por San Visalentín

* Gentileza de Ediciones Guallavito (Comella Firmet)

Sexo, pudor y lágrimas

Sexo, pudor y lágrimas

SEXO, PUDOR Y LAGRIMAS

Generalmente las habitaciones de hotel son frías, impersonales, en cambio en ésta habitaban sus objetos personales, su olor, su desorden.
Estaba recién bañado, el cabello aún mojado y vestía un short y una camiseta.
Me senté a su lado en la cama, una cama mullida, suave, que provocaba tirarse en ella y no levantarse más.
Conversamos un rato, al tiempo que hacía zapping hasta que nos enganchamos con una película que estaban pasando.
Nos recostamos en la cama a mirar el film, como si fuese un hábito.
La lluvia caía incesantemente y la noche invitaba a quedarse.
Sus dedos a penas perceptibles deambulaban por mi pelo, al igual que los míos por su brazo; la película era el pretexto para quedarme allí a su lado, aunque mis pensamientos fantaseaban en cómo sería gozar a ese hombre.
Su actitud pasiva me incitaba a abordarlo sorpresivamente, cual si fuese mi presa.
Una vez terminada la función, otra comenzó en nuestra cama.
Para él las horas eran escasas, para mí el deseo de disfrutarlo apremiaba.
Me estremecí al sentir su lengua dentro de mí, recorrer mis huecos, meterse en ellos y saborear mis jugos.
El goce era continúo, intenso.
Su miembro empinado, grueso, surgía de su entrepierna desafiante; me urgía acoplarme a él.
Lo recosté boca arriba sobre la cama y lentamente fui incorporándolo a mi cuerpo, hasta lograr una fusión precisa.
Ignorante a sus súplicas, continúe meciéndome sobre él acelerando el ritmo a medida que el hormigueo iba invadiendo mi cuerpo vertiginosamente.
De súbito me tomó por mis caderas, quedando él al dominio de la situación; doblegada, gozar era el único objetivo que me invadía.
Pretender controlar los instintos era una intento fútil.
Vertió sobre mi vientre, cual si fuese un trofeo el fruto de su gozo.
El sueño dispuso de nosotros, hasta que mi boca traviesa lo despertó recreándome con el mago.

Esgrima

Esgrima

Elena 99.
Grafito y vaselina sobre papel.

Delicioso juego en el que dos personas tienen la delicadeza y elegancia de batirse con un metal de por medio.
No impera la fuerza bruta sino la maestría, la agilidad, la táctica, los reflejos, la habilidad...
Distante a la vez que cercano. Intenso y excitante.
La adrenalina se apodera de ti, mientras intentas acercarte a tu contrincante. Él se aleja, pero tú no le concedes tregua en este majestuoso baile de máscaras.
De repente tu pareja de "duelo" para en tercia, y uno de los dos se tira a fondo, clavando su acero sobre el latiente pecho.
¿No es erótico?
Esa es la esgrima para mí.

(Bueno, lo acabo de escribir sobre la marcha, pero más o menos era eso lo que pretendía expresar).

AMORES QUE MATAN

AMORES QUE MATAN

Salir no puedo de este laberinto
que me condena a la nada, al vacío,
y aun sabiendo que al infierno me desvío
sigo tus huellas, con ansia, con aliento,

esperando no morir sin antes verte
y abrasarme con el fuego de tu boca,
endulzada con la miel que me disloca,
aunque me sepa a veneno de serpiente.

Como pavesas que el viento desperdiga
de las cenizas del fuego que me abrasa,
mi corazón sube al infinito cielo,

sin que nadie lo detenga o lo persiga,
cual pájaro que sangrando se desplaza
hasta caer fulminado de su vuelo.
Cayetano Bretones

POEMA

POEMA

Corre, que viene la tarde
dibujada de penas
a comerte el alma.
Brazos de viento rojo
desgranan sus dedos
sobre violetas tristes.
No le robes el llanto
al ocaso:
es risa de luz cansada
savia de luna nueva,
despojos de sol marchito,
árbol que llora sombras...
Corre, que te mueren los ojos.

AMOR IMPOSIBLE

AMOR IMPOSIBLE

AMOR IMPOSIBLE


No descargues amarguras y dolores
en el pozo ciego de tu incomprensión,
y no pongas en mi alma tantos temores,
haciendo ver que nuestro amor no existió.

Yo, en cambio, te querré, te quise, te quiero.
Y no hay fuerza superior que modifique
o cambie el rumbo de mi frágil velero
si en tu mar no navego, aunque vaya a pique.

Por el camino descalzo yo te sigo
y sangrando mis plantas, hasta encontrarte,
sin ti yo no duermo, ni como, ni vivo,
si no es que me muero cuando pueda verte.

No dejes de mirarme si en el camino
cruzamos; porque mi amor es fiel, eterno,
y también mi cruz, mi paz, mi cruel destino,
y la vida sin ti es cárcel, es infierno.

Espera que me muera para buscar
otro amor; porque si vivo, yo me muero,
si a otro hombre yo te viera amar y besar,
porque eres mi mar, mi norte, mi velero.

Cayetano Bretones